Jhon Palacios, el rey de las calles

Vida e historia del bailarín callejero que genera tumultos de gente curiosa por ver sus presentaciones como Michael Jackson.

Crédito foto: Romina Goletto

El calor abraza las calles del distrito Ramón Castilla, adentrado en la selva peruana de Loreto. Álvaro vivía en un humilde hogar junto a su esposa y sus hijos. Cada día salía a vender helados, sin jefe ni patrón, para asegurar el bienestar de su familia. Se sobrevivía con lo justo, se disfrutaba de mucho.

Corrían los años noventa y en casa no contaban con televisor o radio. El entretenimiento recaía en el tocadiscos familiar. Álvaro coleccionaba los éxitos de varios artistas. Rod Stewart, Roxette, Guns N’ Roses. Jhon, su hijo primogénito estaba acostumbrado a la música en la sala. El niño escucho inmensidad de voces, sin que ninguna despertara su interés. No es hasta que una tarde, sonó algo diferente. Batería. Ritmo claramente marcado en cada compás. Inicia una guitarra eléctrica.

Beat It despertó en Jhon el ritmo en su cuerpo. Era el único vinilo que rogaba a su padre que coloque. No sabía cómo lucía el cantante, desconocía su vestuario, sus pasos. Sin embargo, ese fue el despertar de una pasión que lo perseguiría hasta la actualidad.

La década estaba por terminar. Lucila estaba preocupada por el futuro de Jhon y el resto de sus hijas. Quería abrirles las posibilidades de estudio, trabajo; un futuro mejor. Eso significaba mudarse a Iquitos, la ciudad principal de la selva peruana, y atravesar 5 largos días de viaje en barco. Álvaro temía abandonar su casa, todo lo que trabajó. Empezar de cero de nuevo. Pero decidió acordar el plan de su mujer. Si no hubiese habido viaje a Iquitos, no habría historia que contar.

Iquitos es la ciudad corazón de la amazonia peruana. Rodeada de conexiones fluviales, su nombre significa multitud separada por aguas.

Es en Iquitos cuando por primera vez Jhon ve a Michael Jackson. Sus ojos se abren como platos ante el brillo de sus guantes, la velocidad de sus movimientos, la magia del moonwalk. Nunca había visto algo similar. Le resultó imposible olvidarlo, y decidió comenzar a estudiar detenidamente cada uno de sus pasos para intentar reproducirlos en la intimidad de su hogar.

“Quiero bailar de Michael Jackson”, le dijo a su profesor de primaria. Era el día de las madres y la escuela organizaba un acto con varias presentaciones. El escenario estaba preparado, había madres, padres y alumnos por todas partes. “¿Michael Jackson? ¿Tú?”, le contestó el docente. Jhon le insistía, diciéndole que sabía cómo hacerlo. “Está bien: Si me haces el paso lunar te dejo subir allí, si no, no subes”.

Jhon ya se sonreía mientras caminaban hacia el salón vacío donde le mostraría a su profesor su potencial. “Bien. Vas a subir”. Y así hizo su primer show, vestido con su pantalón de colegio, una gorra simple para emular el sombrero del ídolo y una casaca nueva que su familia le había podido comprar. En el colegio ya no era conocido como Jhon. Para todos él era Michael Jackson.

Los años pasaron y la fiebre por el arte continuaba. Salir a la calle en principio no era una opción. La timidez y la vergüenza de pedir plata a desconocidos en las calles de Iquitos lo inhibían. Álvaro notaba en su hijo la preocupación. Como suele ser en las grandes historias, siempre hay un guía que incita a nuestro protagonista a aventurarse:

Jhon, hijo, tienes el dote, tienes el talento, veo la fuerza en ti para imitar este personaje. Yo lo veo, lo percibo. Sal a bailar a la calle. ¿Tú crees que los grandes artistas que ves en los grandes escenarios, grandes conciertos, nacieron en cuna de oro, hijo? La gran mayoría arrancó en la calle. Siendo pobre, siendo nada.

¿Y dónde están ahora?

Si no sales a la calle nadie te va a conocer, nadie te va a ver. Si sales te verán turistas de otros países, perfeccionaras tu baile. Tú mismo te darás cuenta.

En esos tiempos Jhon solo conocía dos bailes, Billy Jean y Thriller. Fueron suficiente para envalentonarse a presentar su talento en las calles de Iquitos.

Crédito foto: Damian Ortiz

El dinero que Jhon reunía era principalmente para ayudar a su familia. Tras la muerte de su padre, sus hermanas también empezaron a trabajar. “En Iquitos la gente vive para comer”, me cuenta Jhon.

La modalidad de trabajo callejero variaba entre bailar como Michael, y contrariamente… disfrazarse de estatua humana. Con el tiempo Jhon se dio cuenta que disfrutaba muchísimo más moverse al ritmo de la música, antes que pintarse de blanco roca y quedarse estático.

Así fue que aprendió a manejarse y sentirse cómodo en el ambiente con ayuda de los otros artistas. Unos cómicos que trabajaban de payasos abrieron una nueva puerta en la vida del joven imitador: “Oye Michael, ¿por qué no te vas a Lima? No te quedes acá. Te vas a quemar, todos te conocen”. Abandonar Iquitos era una idea que a Jhon le costaba ver concretarse: “Hay una energía en Iquitos donde a las personas les cuesta irse. La gente es noble y sensible en la selva de Perú”.

Sin imaginárselo, Jhon terminó viviendo 10 años en Lima. Ya con ventitantos años, pasó por un un taller donde trabajó dos meses, jalando carretillas. Allí vio que eso no era para él. Su talento estaba en otra parte, y debía explotar aquello que su padre supo incentivar siendo un niño. El tiempo de trabajo en la fábrica fue suficiente para reunir dinero y así comprarse los trajes que usaría para bailar como Michael en las calles.

Llegada a Argentina

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En 2015 un amigo de Rosario le invitaba a Jhon a conocer la ciudad: “¡Se te abrirán las puertas del mundo! El rosarino es bien especial con los artistas: Si eres bueno,  serás admirado y bien recompensado. Si eres chanta, muy difícil Jhon. Confío en vos, bailas muy bien”. Animado, Jhon compró su pasaje y pasó 3 provechosas semanas en la ciudad. “La gente estaba sorprendida, ‘¡un Michael en la peatonal! ¡No se ha visto!’”, comenta Jhon. En Lima tienen una política más restrictiva con las presentaciones de artistas callejeros. “En Rosario encontré que te piden permiso una vez y listo. Puedes seguir trabajando, ellos ya saben”.

Es así que Jhon se quedó a vivir en Argentina. Viaja a otras ciudades casualmente para trabajar en las calles, e incluso para contrataciones personales. Al terminar, vuelve a su departamento en la ciudad. Los fines de semana están dedicados a bailar en la peatonal, en el Parque España, y en el Monumento Nacional a la Bandera, ganándose la vida con cada movimiento. Ser Michael Jackson por unas horas le permite relajarse y ser alguien más, ajeno a sí mismo. Es un momento de escape de la realidad, donde deja fluir las emociones más profundas: “Cuando bailo siento un disfrute mental y emocional. Visualizo a la gente como un contorno. Rara vez me fijo en algo puntual”.

“No quiero ser millonario, no busco fama mundial. Quiero que mi trabajo sea reconocido. Siento que despierto alegría en las personas, se olvidan de sus problemas. Conocen a Michael a través de mí. Deseo ser feliz con lo que hago y hacer feliz a mucha gente, más que tener dinero”.

Jhon, a pesar de los años de experiencia, se plantea seguir perfeccionando sus movimientos. Cualquier espectador queda fascinado, es decir, ¿qué más podría hacer? Pero él cree que aún se puede mejorar: “En el público hay gente fanática que sabe cómo era Michael. Yo deseo sorprender, sorprender incluso a ese que sabe todo”.

En un futuro consideraría dejar de bailar en las calles, pero nunca restringir su pasión: “Nadie me podría decir deja de bailar. Es imposible abandonar algo que amas desde chico”.  Cuando vivía en Lima suspendió la presentación de Michael por 3 meses, dedicándose solamente a el trabajo de estatua humana. “¡Era una cosa que me afligía!”. Es por ello que, adentrado el tiempo, le gustaría enseñar su técnica a otras personas que quieran aprender a bailar como Michael.

Ahora vuelve de vez en cuando a dar su show en Perú, a reencontrarse con la ciudad que lo vio crecer. La gente en las calles dice: “Ey, ¿éste no es el Michael que bailaba hace unos años?”, “¡No, éste es otro!”. Nadie se imaginaba que ese chico sin vestuario volvería tan perfeccionado, tan profesional, tan habilidoso. Tan Jackson.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here