La pérdida de the Independent representa la pérdida de una comunidad

Por Benko Zsolt Photography en Flickr

Artículo traducido al español por RG.

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Lo que le sucedió a The Independent esta semana es una nota al pie en una importantísima crónica, – la ola de destrucción creativa que anula los medios de comunicación tradicionales – parte importante de la historia política y cultural local.
El gran cuento es bien conocido. Lo digital es más barato que lo analógico, o la tecnología de Gutenberg. Lo engorroso está colapsando, rezagado por lo inmediato. Esto permite la entrada de nuevas voces al antiguo debate. Pero no todo es elegancia y atractivo.
Gran parte del costo es derivado al consumidor. Bajo el antiguo modelo, muchas corporaciones industriales utilizaban la tecnología para crear y luego distribuir información a los individuos. En el nuevo modelo nosotros – vos y yo – adquirimos las computadoras, boletas de Wi-Fi, aplicaciones, teléfonos móviles y en ocasiones subscripciones, que permiten a las corporaciones enviarnos la información a un costo menor. Para las compañías mediáticas, es una ganga. A no ser que seas pobre y no tengas las conexiones, herramientas, o cuentas bancarias necesarias.

 

BBC3 ahora transmite online. En todas partes, periódicos están derrumbándose. La jugada de The Independent es solo primeriza. The Guardian dedicó mucho de sí en su versión online y algún dia deberá contemplar las consecuencias del modelo generador de bosques aplanados; The Times y The Telegraph están atravesando tiempos tórridos, y la mayor parte de los tabloides están en aprietos. En especial The Daily Mail – en parte debido al gran éxito de su publicación online, incómodamente diferente de su versión impresa.

 

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Entonces, hasta cierto punto, este es un modesto ejemplo de una alteración mucho más grande. Así como las nuevas tecnologías están agitando negocios en publicidad, la industria musical, cinematográfica, y prontamente la automotriz también; están causando alegres estragos en las noticias. Es malo para aquellos directamente involucrados – pero, ¿realmente importa? Al final, ya sea porque obtienes la información en un RSS, a través de un link de Twitter, o en una amarillenta página de periódico manchada de café… ¿Cuál es la diferencia?
Esto nos lleva a la historia más pequeña, la del propio Independent. Porque no es un ejemplo, o una nota al pie de página: fue y es una cultura única que, de una forma mínima, ha sido parte de la vida británica durante gran parte de mi adultez.
En la nómina de editores, yo era el más drástico y probablemente el menos distinguido. La portada llevaba mi firma como un reportero político joven y desesperadamente agudo.
Durante años, escribí tres columnas políticas cada semana en The Independent. Leí casi todas las ediciones publicadas y últimamente me encontraba releyéndolas más y más: creo que su actual editor, Amol Rajan, ha sido totalmente magnífico.
Ocupa un lugar único en el panorama político británico. Además de The Guardian, ha sido el periódico nacional con la voz más libre pero, a diferencia de The Guardian, fue siempre inequívocamente pro-libre mercado. Políticamente, parece encajar en los 90s menos extremos antes que en los violentos y polarizados 2010s.
Al menos por un tiempo, tuvo una cultura periodística abierta destacable. Creo que las semanas más emocionantes que pasé como periodista fueron en los primeros días en The Independent: teníamos debates abiertos, argumentativos y serios sobre temas como nuestras posiciones en la guerra Israel-Palestina; nos enfrentamos al cerrado sistema del vestíbulo parlamentario, y todos nos odiaron. Se sentía como si el periodismo de repente se convirtiese en democracia.

No se convirtió, por supuesto. El periódico pro-libre mercado pronto cayó víctima de sus fuerzas brutales. Durante mis tiempos como editor, casi fuimos sacados del negocio por la depredadora fijación de precios impuesta por las noticias internacionales. Más adelante, el abaratamiento del precio del diario se debió, probablemente, a que convencí demasiados lectores de lo que sucedía era real. Oops.
Pero la vieja pregunta – ¿qué es, realmente, un periódico?  – sigue siendo clave. Si la respuesta declara que es simplemente un medio para transmitir información y títulos, es mera nostalgia. No, la respuesta apropiada es que un periódico decente es un pelotón de mentes similares pero no idénticas, personas que discuten, debaten y juntas diseñan una visión del mundo que es distintiva. Un periódico, propiamente entendido, es el espacio entre lo que piensa el editor y el corresponsal, y cómo ese espacio es desafiado por los reporteros que traen información inesperada; creando energía estática.

Nunca ha existido un conjunto de medios exitoso, desde Newsnight al London Review of Books, Private Eye o la sección de análisis del Observer, que no haya tenido en su corazón una vigorosa conversación diaria entre personas que se llevan muy bien entre ellas. Cada una de estas pequeñas colonias culturales, mediante la respuesta de los medios tradicionales, afectaron la conversación nacional.

The Independent, como compañía, jugó un rol honorable e importante. No ha sido como, o igual a nadie más. Últimamente, me encontré revisándolo más que nunca. Necesito a Patrick Cockburn, Robert Fisk y Kim Sengupta intentando entender el Medio Oriente. Hay un record de corresponsales que podría mencionar.

Si, permanece online. Las comunidades periodísticas también existen ahí. Encuentro la misma energía en Bella Caledonia (izquierda escocesa) y CapX (derecha británica) que encuentro en cualquier papel impreso. El peligro de lanzarse a lo global/online, sin embargo, es la pérdida de raíces en una comunidad real, de personas reales; de allí te desconectas.
Las personas que dicen “hay demasiados periódicos”, son como las personas que dicen que hay demasiados parques, librerías o conciertos de piano: siempre y por siempre equivocadas.

 

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